domingo, 17 de noviembre de 2019


Texto descriptivo

Los epas (estudiantes del Profesorado de Alemán) - Lorena Radivo

Los epas no son alemanes, pero se les parecen bastante.
Criaturas sumamente organizadas, saben hacer malabares a la hora de organizar su cronograma de estudios: tienen la capacidad de armar su cursada cuatrimestral de manera efectiva y sin espacios muertos, a pesar de una oferta de materias muchas veces superpuestas o que directamente no se ofrecen en su carrera. Es por eso que se ven obligados a infiltrarse en las materias de formación general del profesorado de inglés, pero rápidamente se acostumbran a su condición de “sapo de otro pozo” entre la inmensa mayoría de epis. Soportan preguntas como “¿por qué estudias alemán?” o “¿para qué te sirve?”, y comentarios del estilo “te vas a morir de hambre, si nadie quiere aprender alemán”. Con el tiempo se habitúan a este tipo de situaciones hasta el punto de divertirles un poco su condición de especiales.
Su elección de carrera los convierte en seres solitarios, que cursan materias siempre con gente diferente, con la que saben mantener buenas relaciones. Son colaboradores y generosos: por su fama de ser buenos alumnos, no es raro que reciban mails de epis –a quienes casi siempre conocen sólo de vista– pidiendo apuntes que ellos comparten sin miramientos.
Son capaces de llevar a cabo todo compromiso que asumen, tratando de desarrollar cada tarea de manera eficiente. Asombrosamente persistentes, no se dejan vencer por las dificultades que les presenta el idioma, lo que les permite soportar largas horas de concentración para comprender la complejidad de las estructuras sintácticas alemanas, el interminable arsenal de vocabulario y la fonética a veces irreplicable. También se caracterizan por poseer una alta tolerancia a la frustración, ya que son capaces de repetir una y mil veces una palabra hasta lograr una pronunciación digna de un alemán nativo.
Eso sí, son un poco presumidos y disfrutan con extraño orgullo –como si tuvieran algún mérito en ello– cuando en materias dictadas en lengua castellana los profesores hablan de los textos de Kafka y Nietzsche, o utilizan términos en alemán como Bewusstsein o Gewissen, cuyos matices idiomáticos no pueden ser representados con exactitud en nuestro idioma.
Además, los epas son seres ágiles: pueden subir y bajar sin cansarse las interminables escaleras de la institución para llegar a sus aulas, correr un colectivo para no llegar tarde (no soportan la impuntualidad) y contorsionarse para hacer sus necesidades en los estropeados baños de la institución. También, conocen todas las alternativas de viaje que los pueden llevar al Instituto en Lenguas Vivas y no se dejan amedrentar por los paros de transporte: siempre encuentran una alternativa de viaje para no faltar, si es necesario y aunque vivan lejos, se suben a una bicicleta.
A causa de su cronograma apretado que los obliga a largas horas de clases sin recreos, son precavidos y llevan siempre algo de comida en su mochila –generalmente frutos secos, el alimento de su preferencia– y son capaces de ingerir grandes cantidades de café para mantenerse alertas durante las tediosas horas de gramática alemana.
A pesar de su estoicismo, los epas a veces se deprimen: cuando reciben una nota que no conforma su necesidad de perfección, se desaniman y llegan al punto de considerar abandonar la carrera. Sin embargo, ese abatimiento les dura hasta que llegan a sus casas y destapan una botella de cerveza bien fría que rápidamente les devuelve la motivación por el estudio.
No son alemanes, pero se les parecen bastante.


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